lunes, 23 de julio de 2007
Por Eduardo Farias
Comité Pro-Altata
Acabo de ver, por fin, "Niña, Fantasia y Talento" (Sinaloa 2007 Canal 3). Lo que más me gustó fue el final y la forma en que se ríen de los concursos de belleza infantil. Creo que es una de las formas más eficaces de crear un monstruo que ha concebido el hombre. Las niñas- principalmente- son invitadas a realizar pases como las mayores. Lo único que consiguen los padres es crear unos monstruitos que dan más repelús que las fotos de una boda.
La mejor definición de estas criaturas la dió el padre de un amigo: "prostitutas enanas". Viéndo las fotos de esos concursos uno no puede pensar en una definición mejor. La explotación a la que someten a las crías argumentando que es lo que ellas quieren me parece denigrante. Los padres empujan a sus hijas a realizar ciertas cosas como las chicas mayores sin entender que cada edad y cada etapa de la vida tiene una función. Si a esas niñas no se le aportan una serie de valores positivos más allá de que la belleza (con la delgadez como estandarte) es el fin último de toda mujer, esa niña nunca será una mujer, pues su proceso de formación como adulta no se completará con éxito.
Hace unos cuantos años, la sociedad americana se encontró con la tragedia de JonBenet Ramsey, la niña modelo que fue hallada muerta en su casa. Aquel suceso hizo salir a la luz la parte más desconocida de esos concursos de realización paterna empleando a los hijos como instrumentos. Hace pocos días recibimos la notica de que a una madre se le había retirado la custodia de sus dos hijos porque estaba más pendientes de los compromisos audiovisuales (anuncios, series, cortometrajes, películas) de los niños que de su formación. Me parece una de las medidas más valientes que se han tomado en los últimos años por parte de la justicia. La explotación infantil no es sólo obligar a tus hijos a trabajar haciendo balones o ropa para marcas de renombre, también lo es el introducirles en el sacarles beneficio mediante la explotación de su imagen.
Niños sólo deben de tener dos preocupaciones en esa etapa de su vida: divertirse y aprender. De los padres es la obligación de proprocionarles ambas y, cada vez con mayor frecuencia, nos encontramos con casos en que esto no es así.
Dejemos a los niños ser niños, que jueguen, que disfruten, que aprendan, que vivan. No queramos crear más Michaels Jackson y bichos por el estilo